A propósito del inicio de una nueva temporada

Con el inicio de la nueva temporada, al igual que con los inicios de cada año nuevo, nos planteamos unos propósitos, unas metas o unos objetivos a los que al menos intentar llegar.

Y en esta sección de artículos de opinión, me gustaría acercaros mi punto de vista de algunos aspectos más allá de lo puramente técnico, táctico o incluso físico, área por cierto que dejo para los especialistas de ello. Y como hoy me apetecía, para estrenarme, hablar del propósito de la nueva temporada, me gustaría aportar algunas consideraciones a tener en cuenta para todas aquellas personas que están pensando iniciar en el mundo del fútbol sala a sus hijos. Hablo en particular de fútbol sala como podría hablar de cualquier otra modalidad deportiva, fútbol, tenis, balonmano, atletismo, ajedrez, artes marciales… pero como estamos en este contexto, pues allá que vamos.

Antes de decidir por inscribir a tu hijo en un club/escuela de fútbol sala, creo que hay varias preguntas que todo padre debe hacerse, y precisamente yo, que no soy padre, veo desde un punto de vista externo, que a veces es muy necesario porque los hijos “ciegan” la realidad. ¿Por qué fútbol sala? ¿Qué pretendo inscribiendo a mi hijo en un equipo de fútbol sala? ¿Lo inscribo pensando en él? ¿Pretendo que haga lo que yo no pude hacer? ¿Tiene cualidades para poder vivir de ello? Seguramente habrá muchísimas más, pero yo me centro en estas, puesto que me parecen muy importantes para todos los padres.

Tengo que dejar claro, que me quiero centrar exclusivamente en los que se inician en edades tempranas, lo que conocemos como categoría pre-benjamín o benjamín. El fútbol sala es un deporte muy rico y muy atractivo para los más pequeños. En estas edades, los peques lo que quieren es tocar mucho el balón, y dada las características de este juego, esta situación se repite constantemente, más que en el fútbol, por el simple hecho de jugar en una cancha reducida, ser pocos jugadores… tiene los ingredientes necesarios para estar en permanente contacto con el balón y sigan manteniendo esa ilusión por jugar. Todo este tiempo que pasan con el balón, acaba desarrollando una calidad técnica en los jugadores muy aprovechable si con el tiempo deciden pasar a lo que algunos llaman el hermano mayor, el fútbol. Eso sí, tenemos que tener claro que, en estas edades, lo principal es divertirse, más allá de resultados. La principal victoria es el progreso en función de su etapa evolutiva, desarrollarse acorde a la edad que tiene y que no llegue a los 10 años y no coordine el balón con el uso de los brazos y piernas, por ejemplo. Creo muy firmemente, además, que lo que, por supuesto no debemos hacer desde fuera, no sea otra cosa que animar al chico, reforzando todo lo aprendido “¡qué buen pase! ¡gran control! ¡bien utilizada las dos piernas!, por encima de presiones del tipo ¡juégatela tú! ¡tú solo! ¡pero pégala a puerta desde ahí que el portero no llega! El niño no es un adulto y esto solo le puede llevar al egoísmo del balón en un deporte colectivo, con unos compañeros y unos rivales que también son importantes. Y por supuesto pensar que inscribimos al niño pensando en él, no queráis ver en él al jugador que os hubiese gustado ser. Si no le apasiona este deporte, buscad otro que si lo haga. Sobre todo no hacerlo pensando en si podrá ganarse la vida en el futuro con él, porque si en edades tan tempranas ya estamos pensando en que tenemos un futuro deportista de élite y que podrá vivir de ello, nos habremos vuelto locos y algo habremos hecho mal.

Y una reflexión final, buscad aquella entidad deportiva que garantice una correcta formación deportiva y en valores de vuestros hijos. ¿Pondríais en manos de vuestros hijos la educación y la formación que se le da en los colegios, a cualquier persona que no sea apta para ello? Si queréis el mejor profesor de matemáticas posible en la escuela, buscar también el mejor formador deportivo.

Agustín Martín
Entrenador Integra2 Navalmoral FS
División de Honor Juvenil Gr. IV